
Mientras esquivaba instintivamente los botellazos, en mi mente seguía nítida la imagen de la mujer que había robado mi serenidad y mi raciocinio.
¿Por qué me había escogido a mi? En el fondo de mi subconsciente -ese rincon tan traicionero de la razón- crecía la fantasía ingenua de que el destino nos había unido y todo eso.
Ahora con el tiempo lo veo desde otra perspectiva y descubro lo imbécil que puede uno llegar a ser cuando le ciega una pasión desaforada y enfermiza. Tan imbécil y tan ciego que me había dejado encima de la mesa el sobre, sin comprobar ni siquiera su contenido.
Regresé corriendo a la oficina, entré y cerré la puerta con llave tras de mi. Saqué una vela del cajón, la encendí y la puse sobre la mesa. Usando una cáscara rancia de pipa a modo de abrecartas, rasgué el sobre y extraje su contenido.
Sobre mi mesa quedó un pequeño fajo de billetes junto a un dossier grapado. Conté el dinero: 90.000 pesetas en billetes de cinco mil. Se me escapó una sonrisa bobalicona y un par de babas. Guardé el dinero en el forro de la chaqueta y puse el dossier detrás de la luz de la vela.
El besugo que sonreía en la foto carnet debía ser el de los documentos. Si quieren que les diga la verdad, no me había enterado una palabra de todo este asunto. Es muy difícil mirar unos labios con deleite y a la vez entender lo que dicen (por lo menos es difícil para mí).
Julián Benitez, se llamaba. Venían también, además de todo lujo de detalles sobre su vida personal y profesional, los sitios que frecuentaba y las horas a las que lo hacía.
Dejé con decisión el dossier sobre la mesa sin dejar de mirar al frente, dispuesto a ejercer de nuevo la tarea para la que había nacido. Con tanto ímpetu, apagué la vela, lo cual, además de joder totalmente mi pose, me obligó a buscar a tientas por el suelo la caja de cerillas que también había tirado con el gesto. Al final la encontré al tacto: era lo único que no se movía.
Repasé el dossier y me planifiqué mentalmente para lo que me tocaría al día siguiente, que no era más que el pan nuestro de cada día de un detective: el seguimiento.