Hoy estoy cabreado, y me sorprendo, porque no suelo cabrearme. Pero es que cuando te sobran razones, por muy
happy que sea uno, se acaba
enchinando.
Es por el penúltimo feo que sufro en el
curro. Que teniendo en cuenta que llevo más de un año sin cobrar regularmente (y en épocas muy muy regular tirando a mal), que llevo cuatro sin contrato (que rima más graciosa por los cojones), y unos largos etcéteras cuya enumeración sólo contribuirá a cabrearme aún más, pues teniendo esto en cuenta cabría pensar que ya me he acostumbrado.
Pues que eso, que después de llevar meses escuchando promesas y
tienesqueentenderes resulta que hoy es día de cobro aquí ¿para todos? ¡no! porque yo primero tengo que citarme con el director para aclarar mi situación. Que digo yo que mi situación estaría más clara si cobrara, ¿no?. Debe ser que no entiendo la filosofía de las empresas modernas.
Pues esperando esa cita que no llega aquí me tenéis.
Así que de aquí a poco me vereis en las noticias atao con la cadena de la bici a la puerta.
O quizá con una lata de gasolina en la mano danzando como un indio a la luz de las llamas de una oficina convertida en una réplica cutre del
Winsor ¡Fuego en mi oficina! ¡Na na na ná nananá!*.
O en la mediana de la circunvalación, con la camisa echa jirones, cubierto de hollín y con una AK-47 en la mano, a semejanza de Michael Douglas en "Un día de furia"
O quizá me cuele en la casa de cada uno de mis jefes y les ponga escorpiones en el cajón de la ropa interior, aceite 3-en-1 en el suelo de la ducha, orines en sus enjuagues bucales y arenques malolientes entre sus sábanas.
Se admiten sugerencias.
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